20.3.10

Recolectivazo

Veo el cielo, muy azul y luego gris, y luego azul otra vez. Un claxon incesante intenta apresurar la marcha de carros sin éxito. Se abren puertas y la gente usa sus manos de sombra, viéndome de todas direcciones. Una mujer se toca un escapulario y parece que se va a desmayar. El cielo, ahora un azul muy pálido, es súbitamente cubierto por caras desconocidas. Muchas caras, todos muy serios, nadie hace nada. Son reemplazadas por caras con tapabocas, ladrando órdenes, dispersando las otras caras. Por un momento me parece muy entretenido, pero otro momento mis órganos juegan a moverse al mismo tiempo todos a un lado contrario, y un dolor agudo, blanco como imagino la barba de Dios, de pronto negro como un vórtice en el espacio, absorbiendo todas mis membranas a otra dimensión.

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