Una noche, tras ver fotos en Facebook de bodas y ex-novias casadas, me vi en el espejo, mi barba crecida, piel gris y arrugada, y me di cuenta que el tiempo ha estado pasando todos estos años.
Ahora las cosas las pienso no dos sino cuatro o seis veces antes de hacerlas. Cada acto tiene una consecuencia social y financiera, y atrás quedó el sentimiento de acabar con una botella, y aventarla hacia atrás con los ojos cerrados.
Me pregunto qué sigue. Acostumbro leer las noticias más que nunca. Leo cientos de artículos financieros, y a veces me averguenzo tras emocionarme cuando baja la tasa de interés de hipotecas, y entro y salgo enfermiza y obsesivamente a mi cuenta bancaria, trazando grandes planes futuros que causan sueño a cualquiera que le cuente.
Algunos de mis amigos tienen esposa, hipoteca e hijos. Poco a poco me aterra menos el prospecto de hundirme en las arenas movedizas de la carrera de ratas. Uso camisa y pantalón de vestir todos los días- ¿no estoy ya a la mitad del proceso de vender mi alma?
Continuar leyendo en Recolectivo (ventana nueva)
Técnicas alternativas anti-Peña-Nieto
Hace 21 horas

